Hace cuatro años dejé un texto en suspenso y no cumplí con la promesa de cerrar mis crónicas sobre Catar 2022, recogiendo algunas situaciones al margen del Mundial de ese año. Pero, considerando que mañana empieza la cita futbolera mundial de 2026, haré algunas precisiones en torno a lo que el anterior fue señal de lo que mañana, 11 de junio, tendremos, incluyendo que sea un Mundial "tripaíses" o, como prefiero pensar, el Mundial de Fútbol de América del Norte. Lo primero. Para quienes lleguen aquí preguntándose cuál es la razón por la que esta periodista, escritora, ama de casa escribe sobre un Mundial sin tener mayores conocimientos, y porqué lo hace desde el 2010, pues... es culpa del entonces novio, hoy esposo, un dominicano que es fanático del fútbol y que pierde todo sentido de la tranquilidad mientras se celebra el Mundial y se come las uñas pidiendo el milagro de que su selección favorita, léase Argentina, gane. Milagro que se le cumplió hace cuatro años atrás . Pues...
Nota de 2014. Después que Alemania le ganó a Argentina, el esposo se fue a fregar. Estaba triste, pero sabía que solo un milagro habría hecho posible lo contrario. Y en el transito de estos ocho años, el milagro se gestó, con revancha incluida. Alemania se quedó en el camino y la selección argentina, con su admirado Lionel Messi, no solo logró ganar ante Francia, campeona del Mundial pasado, sino que hizo que el esposo volara de felicidad. Y voló. A saltos. *** Quise hacer este texto ayer, domingo, con la emoción anudada que se produce luego de vivir varias horas de tensión esperando algo bueno que parece que sí será, y parece luego que no. Y la tensión no la viví porque sea fanática del fútbol, que por cuarta vez en doce años comprobé que no soy, sino la que me causó desear que al esposo se le cumpliera el sueño del fanático. Como todo el mundo sabe, el suplicio y la gozada, comenzó a las 11:00 de la mañana, al menos en esta zona horaria. El esposo se levantó cinco minutos antes, se c...