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Día 5. Sufrir el fútbol

- ¡Gracias, gracias!

El esposo estaba de rodillas, frente la televisor, con una emoción que se le hacía agua en los ojos. Lo miraba con una sensación de incredulidad y sorpresa. La commoción del fanatismo se me hace un delirio incomprensible, aunque fui cautiva de uno, el religioso, en una etapa de mi vida en que buscada sentido y pertenencia. Un delirio de amor, que también pasó, me desterró de esa búsqueda. Ambas decepciones de entrega me salvaron de un destino de naufraga. 

Se puso de pie y sonrió. Y sonreí. 

El triunfo de Argentina sobre Cabo Verde, 3 goles a 2 y con un autogol que desempató el juego, fue de una acompasada taquicardía. Estuve frente al televisor la mayoría de los 124 minutos que duró el partido. Hacía el final del tiempo extra y murmurando maldiciones en contra de los penales, me fui a la cocina, esperando el milagro de una víctoria para Cabo Verde, a pesar de que mi esposo oraba por el triunfo de su amada selección argentina. 

En las redes todo eran comentarios apasionados, en que había dolor por la eliminaciónd de Cabo Verde, indignación por ciertas injusticias, con argumentos que no entendía, y felicidad de los seguidores de Argentina, quienes agradecían euforicos el milagro y defendía a capa y espada a su selección y a Messi. 

Pero todos reconocían, sin titubeos, el desempeño de los caboverdianos, en especial, el papel que tuvo su portero, Josimar José Évora Dias, más conocido como Vozinha, quien con otro grupo de sus compañeros se acercó a Lionel Messi, al finalizar el partido. 

“Messi se me acercó y me dijo que había estado fantástico, que la gente debería estar orgullosa de mí. Le agradecí sus palabras, le pregunté si podíamos intercambiar camisetas y aceptó. Nunca olvidaré un momento como este”, dijo dos días después a los periodistas, un día antes de que fuera recibido como un héroe, junto a su selección, en su país. 

En esa jornada, Colombia eliminó a Ghana, un gol a cero.

Haaland

No esperaba nada de Noruega y me dio a Erling Haaland.

Para ser sincera, me estaba bostezando hacia el minuto 60 del partido entre Noruega y Brasil. Para mí, que no entiendo mucho de técnica en la cancha y me parece que los comentaristas son más histriónicos de la cuenta, no pasaba nada... hasta que llegó el primer gol de Haaland.

No, no había visto ninguno de los partidos que había jugado la selección noruega, y mi interés en ver este era por Brasil. Así que no había visto jugar a este joven de 25 años, de unos 6'3 pulgadas de altura. Sí, había visto uno que otro meme gracioso de él en las redes sociales, pero verlo con esa parsimonia que magicamente convertía en remolino me dejó gratamente sorprendida. 

Tengo la sospecha de que si algún interés me queda después del Mundial, será por él. Y lo reiteré cuando anotó el segundo gol. 

Brasil no se fue en cero. Neymar anotó un gol de penal. El jugador brasileño lloró al final del partido. Y yo quedé tan prendada de goleador noruego que no me perdí la celebración final, con sus tambor vinkingo que daba ritmo al gesto de remar de la fanaticada de ese país. Y los días siguientes me dedique a buscar todos los datos y memes sobre Haaland, y le di a seguir a sus cuentas oficiales en redes sociales. 

Apuesto por una Francia campeón, pero deseo que gane Noruega a partir de este "enamoramiento futbolero". 

Por cierto, hablando de Francia...

El racismo

El día antes del triunfo de Noruega, el partido en el que Francia eliminó a Paraguay se caracterizó por ser lo que dicen "físico", igual pasó con el Noruega y Brasil con sus discusiones e insultos entre jugadores, pero este tuvo un tema que traspasó la cancha, luego de que Kylian Mbappé - tras anotar el único gol de partido- dejó con la mano extendida al arquero rival Orlando Gill, quien buscaba despedirse de él, festejando el triunfo de su selección en plena cara de Gill, quien le lanzó un balonazo.

Pues al final del partido, una senadora paraguaya escribió en su cuenta de X mensajes con insultos contra Mbappé, que incluyeron palabras como "feo", "rico nuevo", "prepotente" y algo sobre la leche materna y cocos que no pretendo transcribir. El jugador respondió con la altura que le faltó a la legisladora, señalando el racismo en sus palabras y calificándola de ser una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo.

Ella, en vez de recapacitar, se reiteró en su desprecio y calificó de "violencia de género" la respuesta de Mbappé. La señora le tomó tanto el gusto al insulto que hasta se pronunció en el Congreso paraguayo en la actitud de "víctima", mientras seguía agrediendo al capitán de la selección francesa. 

Al momento de cerrar este texto, hasta la ONU se había pronunciado en contra de los dichos racistas de la señora Celeste Amarilla. Igual lo hizo el presidente francés, Emmanuel Macron al día siguiente del asunto. Mientras la fiscalía francesa anunció que abrió una investigación.

A ver en que termina este asunto.

Este día también se celebró el partido entre Marruecos y Canadá, ganando el primero tres goles a cero.

Adiós México

La esperanza estuvo, pero no alcanzó. México se enfrentó a Inglaterra el domingo y sí que esperaba que ganaran. El esposo me habia dicho desde el comienzo del Mundial de que México era un buen equipo. Pero no pudieron superar a los ingleses, que les vencieron tres goles a dos. 

Ahora los ingleses enfrentarán a Noruega en cuartos de final. Ya se imaginarán cuál es mi favorito.

Trump y la tarjeta roja

De los partidos del lunes solo tenía interés por el de Estados Unidos contra Bélgica, y eso solo después que el presidente Donald Trump dijera, como si fuera una proeza, que había pedida a la FIFA que le retirara la suspensión por tarjeta roja al futbolista Folarin Balogun, de la selección norteamericana. La suspensión se había retirado. 

Bélgica pidió revisión de esa suspensión, pero cuando llegó el día del partido, el jugador entró hondo y orondo a la cancha. No vi el juego, pues fue un inicio de semana con mucho en agenda, pero deseé Bélgica ganara y así pasó. Cuatro goles a uno. 

El otro enfremamiento fue el de Portugal contra España. España ganó por un gol ante las cero anotaciones de Portugal. Cristiano Ronaldo se despidió de su último Mundial sin haberse acercado nunca a una final. Según leí de otros, excelente jugador, algo engreído agregaría. 

El sufrimiento argentino

Temo por la salud del esposo. Si algo he comprobado desde que empecé a hacer estas anotaciones sobre el Mundial, es que el fanático de la selección argentina sufre mucho, demasiado. Y es que se emocionan, se enojan, lloran y celebran desde los extremos durante cualquier partido de Argentina, y el que esta selección jugó ante la de Egipto tuvo suficiente material para que cualquier seguidor de Messi y su albiceleste terminará con el corazón infartado.

El partido lo vi en casa. El esposo estaba en la oficina y sé que sufriría el doble de lo normal, porque debía guardar las composturas, sin maldecir, sin gritar, sin celebrar.

Egipto anotó temprano, sobre el minuto 15. Le anularon un segundo gol por una supuesta falta... algo muy discutido, al nivel de que desde ese día se intensificaron las acusaciones de que la FIFA favorece a esa selección por Messi. Aún así, los descendientes de los faraones anotaron el segundo tanto en el minuto 67.

Me dije, "Argentina está fuera". Pero a los doce minutos llegó el primer gol, de Cuti Romero. Y cuatro minutos después, el de Messi, y diez minutos después, el de Enzo Fernández.

Estaba hecha piedra delante del televisor. No lo podía creer. Me sorprendí gritando y celebrando, deseando de que ya pitaran, que ya se acabara el partido. Y llegó el pitazo y celebré. Mi hijo vino corriendo de su habitación a acompañarme y le mandó un audio a su papá.

- ¡Papá, ganó Argentinaaaaa!

El esposo lo logró, pensé, me ha contagiado de esto, del fanatismo a Messi. ¿Será?

No lo llamé. Lo conozco y sabía que no me respondería. Debía estar en un estado de trance, de felicidad catatónica. 

Cuando llegó a casa lo noté. Estaba feliz, pero intranquilo. Cuando al fin le pregunté, me dijo: "Aún estoy gestionando esto. Dejando que me baje la emoción". 

Estaba lloroso cuando me lo dijo. 

Estaba feliz por él, pero... otra vez me encontré con mi muro de extrañesa, de no poder conectar con ese sentimiento de bruma fanática. Hasta ahí no llego. Puedo celebrar en el momento del partido, emocionarme, pero es ese instante y ya. No lloro, ni me apeno, ni ando horas en una especie de nube frenetica en que cada vez que hablo del tema me sube la emoción. No.

Lamento no acompañarlo a ese nivel de intensidad. 

(Colombia perdió de Suiza, en penales, 3 a 4. Odio los penales).

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